LA POLÍTICA INDIGNA

Llevo mucho tiempo escuchando que la política en este país está llegando a un punto de degradación moral y ética sin precedentes. Tengo una edad, y he visto degradarse y volverse a degradar a muchos políticos y políticas de este país. Recuerdo cuando un condenado llegó a presidente del Atlético de Madrid, alcalde de Marbella y fundó un partido político. Actrices porno postularse para políticas y algún actor también. No hace tanto. Pero se supone que la llamada casta política lo es por que no saben hacer otra cosa. Son de formación y tradición. Pero entonces los medios de comunicación dieron un vuelco con la llegada de las redes sociales. Y el mundo cambió, y con él la política y sus protagonistas. Llegaron las fake news, los bulos, los trolls, los haters y la narración prácticamente en directo de todo lo que acontecía en las magnas salas del Congreso, Senado y parlamentos territoriales. Todo se graba y todo se registra, todo se tuitea, se postea, se comenta y –por supuesto– se tergiversa y se manipula. Con todo esto, la verdad queda en inferioridad por culpa de los tertulianos, tuiteros, blogueros, instagrameros, videoblogueros y demás fauna de la cosa social. Algunos han visto la oportunidad de crecer de la nada al todo gracias a su utilización sesgada y sin control. Dijeron que el 15-M fue la primera revuelta popular convocada por SMS y twitter. Dio esperanzas a todos ya que el pueblo se movilizaba por si mismo a una velocidad extraordinaria. La revolución social se viralizó. Años después, los que han visto su potencial y lo están utilizando son los contrarios. Me refiero a la extrema derecha, despertada a golpe de tuit, troll y fake news. La espoleta de Catalunya ha despertado a una bestia que siempre estaba ahí, pero que ha aprovechado el ansia de libertad de esta comunidad para volver a lanzar al aire sus ignominiosos mensajes e ideología. La paradoja es que es la propia cosa social, las propias redes, las que se encargan de desmentir sus bulos y mentiras. Pero la redundancia goebeliana hace que el trabajo de sacar a la verdad flotando por encima de los detritus que bombean una y otra vez esta caterva de extremófilos sea arduo y titánico. Para colmo, ahora permitirán por ley que nos envíen su serrín de mensajes políticos vía spam al móvil. Todos han dicho ok a esto. Por eso, cuando dicen que la política está cayendo en la indignidad, yo no lo asocio a los malos modos de Rufián, a la desfachatez marquetiniana de Rivera o Arrimadas, a los mensajes de odio de VOX o a la indigencia intelectual de Casado, o la hipocresía de Sánchez. Yo creo que la indignidad política es que los políticos nos sermoneen ya hasta en el móvil.  

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