CRÓNICAS DEL APOCALIPSIS

CRÓNICAS DEL APOCALIPSIS

paisaje

En el momento de narrar la historia del fin de la raza humana en el planeta Tierra, nos hemos encontrado con multitud de dificultades. Las fuentes utilizadas para esta tesis se basan en los diarios apócrifos de los últimos supervivientes en sus últimos días. Es difícil datar estos diarios apócrifos, pero parece que coinciden en las fechas terráqueas que van desde el 2.456 d.C y 2.500 aprox. d.C. cuando tenemos constancia de que la implosión del planeta dejo sin vida alguna la superficie del mismo, en lo que hoy llamamos planeta Tierra Cero (sin vida basada en carbono). De esto hace ya dos milenios aproximadamente. Las diferentes expediciones arqueológicas posteriores hicieron acopio de multitud de soportes en los que se narran los últimos 50 años de los humanos sobre el planeta Tierra. Las colonias exteriores no habían desarrollado aún la actual red de comunicación vía Vortex Temporal, pero las leyes actuales prohíben terminantemente viajar en el tiempo al pasado para evitar vórtices tan dañinos como el de hace 230 años, que acabó con la colonia 56-56-21-YAS, en el planeta Toría del sistema Fanzio, y que ocasionó la muerte de casi 23.000 individuos. Por ello vamos a utilizar los soportes encontrados, muy fragmentados eso sí, pero creo nos dará una imagen bastante fiel de las vicisitudes personales llevadas al extremo de estos últimos supervivientes. No tenemos constancia de que sobreviviera ninguno, salvo el narrador número 12 que se hacía llamar Saúl. Espero que los testimonios aportados como anexos corroboren suficientemente las teorías expuestas en nuestras tesis sobre el fin de la vida humana en la Tierra. Gracias.

TESTIMONIO 123-1 El final de los días- Encontrado en la zona UE-Francia-París.1. Anónimo. Soporte: Grabación soporte chip personal. 6 teras de grabación. Extracto 1:234

“Solo quedo yo… yo y la destrucción del mundo. Hemos pasado por la historia sin pena ni gloria solo unos cientos de miles de años, y no dejaremos huella alguna que demuestre que hemos mejorado este pequeño e insignificante planeta. No queda nada, no hay nada, nada quedará cuando yo me vaya… soy el último de mi especie, el último que queda de la antaño gloriosa estirpe de los hombres. Me voy de esta realidad hacia la nada absoluta. No hay Dios, no hay demonio, no hay infierno ni paraíso…Solo polvo, roca, piedra, viento, sol… lo que había antes de nosotros, y lo que habrá después de que me haya ido… hasta el final, hasta la nada… Solo quedo yo, y no me queda mucho…”. (El final de los días, anónimo 2.456 d.C.). (21/1/2014).

TESTIMONIO 234-2 Diarios del Apocalipsis- Encontrado en la zona UE-España-Barcelona.3. Anónimo. Soporte: Grabación soporte chip personal. 3,4 Megateras de grabación. Extracto 4:678

“Los cadáveres se amontonaban por miles, cientos de miles, millones… NO quería ir por la ciudad por eso mismo, por la ominosa visión del apocalipsis en forma de montañas de cadáveres humanos. La ciudad se veía marrón y gris por el polvo y la tierra, por la herrumbre, por el color de la piel momificada. Me tapé la boca y me ceñí fuertemente la capucha para evitar el viento y los olores. El mar se veía a lo lejos… creo que la ciudad era Barcelona… pero no estoy muy seguro…” (Diarios del Apocalipsis, anónimo 2.458 d.C.). (24/1/2014)

TESTIMONIO 001-2 Mis últimos días- Encontrado en la zona EE.UU. California.2. Saúl. Soporte: Grabación soporte chip personal. 11 Megateras de grabación. Extracto 45:222

“Entré en la tienda llena de escombros buscando algo que comer. El olor era nauseabundo y vi que las latas abombadas y los restos de comida podrida estaban llenas de gusanos. Simplemente entré y miré a la oscuridad por inercia. Un cadáver momificado estaba en la caja, con su uniforme y todo… sus cuencas vacías daban la sensación de aguantar una risa que la mandíbula caída y abierta había dejado escapar de golpe. Me volví y vi que iba a anochecer. Cuando quise volver a entrar para guarecerme del frío oscuro, pensé en el protocolo a seguir para evitar a los robacadáveres, y me dio mucha pereza. Prefería mil veces dormir en el maletero de un coche abandonado que empezar a registrar la tienda para encontrar a esos asquerosos… vi una furgoneta vacía y me dispuse a pasar la noche. El viento era fuerte, y las nubes anunciaban lluvia… a lo lejos tronaba y relampagueaba…”. (Mis últimos días, Saúl. 2.457 d. C.) (30/01/2014)

TESTIMONIO 078-6 El final de los días- Encontrado en la zona Barcelona-Sabadell. España. Manuel. Soporte: Grabación soporte chip personal. 03 Megateras de grabación. Extracto 01:025

“Me masturbé pensando en Catherine, la chica que conocí aquella noche ya lejana en un local pequeño de un pueblo pequeño en un pequeño país. La veía con sus ojos oscuros y su tez redondeada, echada sobre mi, jadeando, su piel suave contra la mía, sudando cariño por todos los poros, notando sus músculos, su vientre abultado, su risa entrecortada, su ligero olor a tabaco de liar, a casi hierba. Hice ese poco decoroso esfuerzo y me puse a llorar como un niño. Estaba muerta, muerta sin enterrar, como otros tantos miles de millones… la había querido con toda mi alma, y la había perdido sin más, sin poder decirle siquiera que la quería. Su pelo negro flotaba en mi mente y me sentí sucio, porque uno no se hace pajas con la chica que quiere… a pesar de que ya no había nadie en la Tierra que me quisiera. Lloraba en silencio, como lo que quedaba del mundo, y derramé mi semen en la tierra, como si eso sirviera de algo para el desastre que ocurrió y que se llevó a Catherine, a sus hermanos y hermanas, a su familia, a sus amigos, y a miles de millones de personas, a todos…  a todos menos a mi.”8

TESTIMONIO 25-6 Diario del fin del mundo- Encontrado en la zona Londres. Inglaterra. Alfred Spark. Soporte: Grabación soporte chip personal. 11 Megateras de grabación. Extracto 58:36

“No había matado nunca a nadie. Había tenido la suerte de no toparme con robacadáveres, piratas, bandas o simples locos armados hasta los dientes, que los había a cientos. Siempre iba por senderos fuera de las carreteras y caminos transitados antes del Armagedón. Pero sabía que algún día tendría que luchar por mi vida. Y ese día llegó. Era un solitario como yo, pero el hambre y puede que decenas de jornadas sin ver a nadie le trastocarán los sentidos. Nada más verme disparó, y casi me roza la pierna. Yo no lo había visto, me disparó por la espalda, pero falló. Yo no, dos cartuchos de mi escopeta le reventaron el estómago y el pecho. Cayó como un saco hacia atrás volando tres metros o más. Murió en el acto. Mezquinamente hurgué en sus bolsillos, vacié su mochila, me quedé su machete y sus utensilios de orientación, y me quedé su grabadora y el rifle. Esta noche he escuchado parte de sus grabaciones. Se llamaba Claude, y había sido un ingeniero espacial de los buenos… debió quedarse en nueva Tierra. Pero quiso ver a sus padres antes de que sucediera todo… y la cagó. La cagamos todos quedándonos. Y ahora está muerto… como lo estaré yo pronto. Joder! He matado a un tío, y creo que tendré que seguir matando para sobrevivir… hasta que me maten a mi” (Diario, Alfred, 2.854 d.C.) (18/02/2014)

TESTIMONIO 58-6 Muerte- Encontrado en la zona Mar del Plata. Argentina. Sandro Bello. Soporte: Grabación soporte chip personal. 1 Megateras de grabación. Extracto 21:52

“Al principio éramos seis, cuatro adultos y dos niños. Perdimos a tres en un derrumbe saliendo del metro.  Dos se mataron entre ellos y ya solo quedo yo. Me estoy muriendo. Tengo una herida en el muslo derecho que no revestiría gravedad si no fuera porque ya no tengo medicinas, mi autochip médico no funciona, y está supurando de manera incontrolada. Solo la morfina evita que me pegue un tiro. Si sigo con vida es porque quería llegar a mi lugar de nacimiento para morir en paz. Pero ahora que lo tengo delante, no creo que pueda cumplir mi deseo. Hay gente en el caserón, y no creo que sean amistosos a juzgar por los cadáveres que se pudren en el campo de delante del edificio. No creo que sean comemuertos, pero no quiero arriesgarme. Solo tengo un rifle plasmático y dos cargadores, y con eso solo puedo matar a una docena o así. Y son muchos. Al menos puedo matarme cuando quiera. Creo que iré a la playa, allí aún podré morir en paz, y el mar calma bastante. No quiero morir, pero no me queda más remedio… Huelo el salitre, no está lejos…”  (Muerte, Sandro, 2.568 d.C.)

TESTIMONIO 12-7 El final llega- Encontrado en la zona Tetuán-Atlas. Marruecos. Said Muadi. Soporte: Grabación soporte chip personal. 5 Megateras de grabación. Extracto 36-52

“Hoy he visto como unos necrófagos se alimentaban de varios cadáveres que había en la carretera. Eran carroña, pero los necrófagos ya no tienen ningún vestigio humano. Solo se dedican a llevarse los restos y alimentarse. Ya no tienen ninguna piedad, solo hambre, y sed y otras necesidades básicas. Animales, han vuelto a la condición animal que denota la falta de sentimientos. No les queda nada humano. Por eso no me cuesta nada matarlos. Es como en esas series y películas de zombis, que se sabía bien que matar a esos seres no tenía ninguna consecuencia moral. La diferencia es que no te alimentas de lo que matas, simplemente te defiendes. Cuando he comenzado a ametrallarlos y veía sus cuerpos despedazados no he sentido nada. En el fondo, solo me diferencio de ellos en que no me los como. Solo evitaba que me comieran… tal vez sea así como se empieza a ser como ellos…” (Vida y muerte, Víctor, 2.456 d.C.)

TESTIMONIO 21-37 Adiós- Encontrado en la zona Washington. EE.UU. Mary Stuart Lovekraft. Soporte: Grabación soporte chip personal. 6 Megateras de grabación. Extracto 28-52

Recuerdo que una vez vi una película en el que uno de los protagonistas decía al final “He visto cosas que jamás creeríais…”, pues yo también. Llevo dos años dando tumbos por mi ciudad, vacía y muerta. He recorrido sus calles y he visto cosas, algunas horribles, y otras maravillosas. Creía ser más débil, hasta que maté al primer necrófago. Y ahora sé que puedo hacer muchas más cosas de las que parece. Mi hija también. La verdad, nos las apañamos muy bien… pero todo es inútil. Los temblores son cada vez más frecuentes. Los edificios caen, y la comida escasea. Nos vamos a ir al campo, pero tenemos que proveernos y hay demasiados necrófagos pululando por las calles. Desintegrarlos está bien, pero ya da un poco igual. Mañana nos iremos. No sé qué nos espera pero será mejor que lo que estamos viviendo ahora… No sé si vendrán a buscarnos como nos dijeron… Ser la mujer del secretario de Estado parece que no da mucho respeto en estos tiempos. Mi hija dice que nos vendrán a buscar… pero yo creo que no va a pasar. Voy a recargar mi arma y mañana nos iremos… espero (Sin título, Margareth y Lilian, 2.456 d.C.)

Después de dos años de vagar por pueblos desiertos y granjas abandonadas, llegamos a una ciudad grande… No recuerdo el nombre, pero realmente era grande… y muy peligrosa. Enseguida vimos que había que entrar de noche. A la luz del día había demasiados disparos, y demasiada gente corriendo y muriendo. Cuatro horas después era noche cerrada, y entramos por la parte sur que parecía la más tranquila. Éramos 12, y muy bien pertrechados. Todos con formación militar y bien organizados. Solo salimos cuatro, aunque matamos a muchos, eran demasiados. Nunca olvidaré sus caras deformes y sus dientes afilados… No sé qué pasó en aquella maldita ciudad, pero fue una pesadilla. Una sangrienta pesadilla… (Muerte sin fín… Sargento Dolph Harker, 2.467 d.C.)

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